Concierto para soñar

Estamos acostumbrados a escuchar de procesos sobre conciertos para delinquir, haciendo alusión a las macabras alianzas entre funcionarios de alto rango del Estado y grupos irregulares, para silenciar opositores al régimen o para intimidar con amenazas, chuzadas telefónicas o atentados a sindicalistas, jueces o periodistas.



Venimos de una etapa de falta de legitimidad del estado como nunca. Escándalos que casi siempre están relacionados con pérdida de vidas de inocentes por cuenta de “la mano negra” del gobierno. Los llamados falsos positivos, en donde colocaban como anzuelo la posibilidad de un trabajo para cientos de jóvenes colombianos que terminaban siendo ejecutados por miembros de la milicia, para reclamar prebendas a cuenta de haber eliminado “subversivos”. La compra de votos y su variación en precio dependiendo la región y la hora del día de las elecciones en que se realice la transacción, la adjudicación de notarías por servicios prestados a la maquinaria gubernamental, la adjudicación de subsidios irregulares a los mas ricos del país, con dineros de destinación supuestamente a favorecer los mas pobres con el programa Agro Ingreso Seguro, la pretendida reelección en donde hubo danza de dinero con aportes de los mismos benefactores del AIS, las crecientes cifras de desempleo, el abandono en temas sociales, el incremento en las cifras de delitos contra los derechos humanos y la mas rampante corrupción nunca antes vista.

En mi caso particular, desde que aposté con todo por Gerardo Gómez en Sevilla, decidí nunca mas volver a creer y hasta había decidido no volver a votar por la decepción que esto me causó. Pero hoy, sería ignominioso no volver los ojos hacia nuestro presente político, en donde creíamos haber perdido las esperanzas. Ahora, se ha creado el DREAM TEAM de la política con dos personajes como cabeza de grupo, que para el actual esquema de gobierno, parecían ser soñadores que nos representaban sin opción alguna de manera independiente. Ya unidos, Mockus y Fajardo nos han devuelto la confianza y la esperanza, hemos vuelto a soñar con una Colombia academizada y decente. Hay mucha resistencia y no es para menos; los corruptos y sanguijuelas estatales están sintiendo que su reinado puede llegar a su fin. Ahora es cuando además de simpatizantes, debemos ser vigilantes del proceso y convertirnos todos en activistas democráticos por la transformación social y política de Colombia.

Me siento con la euforia del ganador. Hace poco dijo Fajardo “debemos sacar a nuestros jóvenes de las trincheras, para las aulas de clase”. Si eso no es verdaderamente revolucionario y progresista, ¿que puede serlo?

Quien iría a creerlo, sin maquinarias, sin dinero, sin manzanillismo, podemos conquistar el triunfo para esta dupla de ensueño. Aquí no caben las promesas de puestos, notarías o influencias. Esta es otra forma de hacer política. He estado vinculado con Bogotá desde hace unos veinte años y viví de cerca la transformación que entre Mockus y Peñalosa le dieron a la ciudad.

Tengo mi garganta lista y todo el entusiasmo por esta novel oportunidad que tiene el país, la vinculación con la campaña debe ser activa. Todavía falta mucho recorrido y el trabajo por cubrir al país con la “mancha verde” esta todo por hacer. ¡Adelante!