De Vuelta


Andaba alejado del buen ciudadanoenlared.com, estoy de vuelta compartiendo honrosamente con este grupo maravilloso de sevillanos. Mea culpa Indio. No hay disculpa para tanta indisciplina. Esperé la visita de las musas que me inspiran pero….. Tristemente mi motivación esta vez es para un reconocimiento, un homenaje, una expresión de pesar.

Nuestra Sevilla se caracteriza entre otras cosas, por poseer familias de tradición con las que de alguna manera hay interacción entre todas, los lugareños sobrevivientes al cardumen de foráneos, a la concentración en la posesión de las tierras, a los malos gobiernos y al conformismo local, por alguna extraña razón hemos encontrado refugio en un sitio que por obligación se ha convertido en punto de encuentro y referencia en cada retorno o en cada salida a socializar. Si, “Casablanca” tiene eso, es como un imán mágico para reunir sevillanos tradicionales. Tal vez la buena música o la buena atención de Juan o su ubicación o diseño….. En fin, pero este homenaje no es para este bello sitio; Es para una de esas familias cuya tradición, calidad, estilo de vida e inquietud cultural los ha hecho merecedores del cariño de todo un pueblo.

Recuerdo con nostalgia, como con “Machaca”, quien heredara este mote por el oficio de mecánico industrial de su padre, el inolvidable Juaco Zuluaga; hicimos de la esquina de su casa, el sitio para resolver los problemas del mundo y de otros mundos, para ver pasar colegialas o para observar eclipses con las gafas de soldador del taller.

No me gusta ver como las mejores mazorcas del cultivo se desgranan, primero partió Juaco, a pocos meses la inquebrantable Maruja y ahora recibo con cierta rabia e impotencia la noticia de la partida de Jairito, el menor de ellos.

De Jairo recuerdo sus buenos apuntes de humor exquisito, condición de hombre frentero, su irreverencia que le permitió ser independiente y nunca servil. Como líder comunitario dejó una huella imborrable entre la comunidad de Cebollal, donde rompió esquemas y tabúes y se convirtió en el mentor y guía de una población en la que generar confianza era de titanes por razones históricas asociadas con la violencia. Pero como el mismo me dijo un día, El era como Pinocho porque tenía un corazón de fantasía, haciendo mofa de su afección cardíaca, pero la fábula se revirtió. De todas maneras vivió a plenitud sin deudas con la vida, Jairito fue feliz y así creo que partió.

La comunidad educativa pierde un punto importante de equilibrio, a un maestro de profesión, pero ante todo de vocación.

Es en estos momentos cuando la reflexión nos hace trascendentales en el pensamiento y necesariamente volvemos nuestros ojos al pasado y remembramos vivencias maravillosas con personas como nuestros vecinos que parten para de vez en cuando volver o para jamás hacerlo en el inevitable viaje de un solo trayecto.

César, Patty, Alfredo, Beatriz y Oscar…. Un abrazo fraternal de mi parte y desde este periódico que dirige el Indio, que sé que es un miembro honorario de su familia.