Violencia... Maldita violencia

Todo pareciera estar bien, nadie reacciona. La muerte se pasea por nuestras calles….sonriente, tranquila, impune. Pienso siempre sobre quien pudo haberlo cambiado todo, quien invirtió los valores y subvirtió la conciencia colectiva de un pueblo que se volcó hacia la indolencia. Sevilla…. De vigorosa ya no tienes nada, ya no eres pujante, solo se escuchan tus lamentos, pero si eres audaz para cerrar los ojos ante la realidad.

Reclamo tener de nuevo aquellas calles tranquilas por las que me paseaba cuando niño sin aprehensiones. Añoro la hermosa cursilería de los novios tomados de la mano a cualquier hora y sin temor a un atraco o temor a que los violenten, recuerdo los ciclo paseos hacia Tres Esquinas sin tener que esquivar estruendosos vehículos de vidrios oscuros y gentes extrañas. 

Puedo ser quizás un dinosaurio aferrado al pasado, pero de todas maneras la remembranza me lleva a querer ese apacible pueblo en el que todos nos conocíamos y en el que aún no nos sentíamos ajenos y acorralados. 

Estoy dolido y conmovido, últimamente las balas y el fiero cuchillo se han llevado a muchos coterráneos que formaron parte integral de la historia de este hermoso balcón al que seguimos asidos a pesar de la barbarie. Hace poco la víctima fue un santo varón…. Don Nabor Vázquez Arroyare. Un hombre ungido siempre por el afecto de un pueblo al que ayudó a moldear y al que le aportó su conocimiento y dedicó su vida entera. Nabor era uno de esos personajes que debió haberse muerto de viejo, El era un símbolo, un pedazo de la bandera de nuestra Sevilla.

Pero se llevaron a Nabor y a la semana siguiente otro asesinato o un desastre natural nos borra la memoria. Que preocupante resulta la facilidad que hemos desarrollado para no querer mirar lo que está pasando y plantear un alto en el camino. Nunca he creído mucho en las marchas y los pañuelos blancos, porque últimamente se han utilizado como plataformas de lanzamiento político y porque no pasan de ser un simple simbolismo. Pero… que hay con los que si creen en estas formas de manifestación?, porque cuando el gobierno los convoca salen y se pronuncian? Porque no hacerlo cuando nos tocan las entrañas al diezmar nuestra población oriunda y tradicional? Acaso… protestar por la muerte de un lugareño resultaría ridículo y vergonzoso? 

En barata retórica siempre se habla del sentido de pertenencia. Pero como dice el verdugo… falso de toda falsedad… los sevillanos hemos sido complacientes con la violencia en todas sus manifestaciones. Nada ha pasado a quienes son los responsables de la masacre institucional y el empobrecimiento de la población por cuenta de la corrupción político administrativa. A nadie se le ha pasado la cuenta de cobro por la desnutrición y muerte de los niños, que es otra forma atroz de la violencia….Cual pertenencia! La doble moral y el espíritu de veletas que se mueven hacia donde sople el viento, es un común denominador ya incrustado en nuestra sociedad.

En cualquier escenario y ante quien me pregunte siempre diré que soy sevillano y para quienes no saben siquiera que ese “pueblito” existe, pues se los explico y les hablo con pasión, pero siempre termino relatando lo que fue mi pueblo y vuelvo a caer en la bajeza de ocultar algunos detalles vergonzosos del presente.

Yo tampoco he hecho mucho por mi comunidad, pero por lo menos he encontrado este espacio para compartir mis reflexiones y para invitar a la reconstrucción de la moral pública, en donde debemos firmemente entender que hay que orientar a nuestros hijos hacia el pensamiento con sentido social y capacidad de disentir. El arrodillamiento solo deja cicatrices y la mejor postura es estar erguido en contra de cualquier forma de violencia y atropello a la historia de un pueblo como el nuestro, de ascendencia antioqueña, símbolo de tenacidad y verraquera popular. 

….En homenaje a mis conciudadanos asesinados y a quienes les debemos rendir tributo, aunque sea por vergüenza de sevillano……
Por: Oscar H. Aránzazu Rendón